12 junio 2009

Tu sombra

Bailando en el agua, nadando en los árboles, observo tu cara relajada en las profundidades de un sueño en mi lecho. Tu boca luce más carnosa y morada que de costumbre. Hinchada. Te arropás con la sábana e inconcientemente la acercás a tu nariz para oler la resaca de la pasión nocturna. Para oler mi olor y el tuyo impregnados en ella.
Cuando te vayas, sabré si te amo o no.
Lo sabré al sentarme en la crujiente silla que apunta a la ventana; mi ventana, tal vez tuya también.
Lo sabré al calentar la pava y cebarme mate en soledad, quizá sintiendo un no-se-qué en el cuerpo.
Sabré si te amo o no, cuando te vayas y tu sombra quede dibujada en mi colchón;
cuando algún rato después encuentre entretejido en el hilo de mi remera, un pelo largo y ondulado como la vida;
cuando todavía pueda sentir tu calor en el aire espeso de la humedad bonaerense;
cuando me rasque la cabeza y la memoria sensorial me lleve a recordar tus juguetones dedos acariciando la punta de mis cabellos;
cuando me ponga el calzado y recuerde que ayer nomás tuve que quitarte el tuyo;
cuando quiera leer un libro y todas las palabras sean tu nombre;
y cuando salga a la puerta y escuche los odiosos ruidos de una ciudad que se presume despierta y ansíe, anhele, desee escuchar tus susurros en mi oreja otra vez.
Cuando te vayas sabré si te amo o no, y mientras tanto solo puedo contemplarte en el silencio del vigía, deseando con total sinceridad
que no te vayas nunca.



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2 comentarios:

Lena dijo...

Que cantidad de imágenes preciosas me suscita este texto.

Lucía dijo...

cuando te vayas, sabré si te amo o no.
che, que texto hermoso.