06 julio 2009

El imitador

De chico quise ser como Borges. Y me perdía en los laberintos del espejo, temiendo que esa imagen copiada se volviera real y me purgara de esta vida, o peor, que yo fuera el reflejo subconciente de algún sueño eterno, dormido por un dios pagano de tigres y caballos.
El sable era mi religión, y como el Martín Fierro, empuñaba el facón de la fantasía, para asesinar suavemente a la realidad; con ternura, con tersura.
Mas de grande, Cortázar me enseñó a jugar a la rayuela; y en charlas llenas de humo y vodka barato, escapábamos a las noches de lluvia refugiándonos en un solo de batería de Cobham o la trompeta de Davis. Hombres nos sentíamos, empuñando el cigarro de la madurez mientras con cacofonías retóricas intentábamos alegar inteligencia.
Por momentos, me sentía observado, mientras mi alma partida al medio, se compartía con aquel otro, lejano, que no se dejaba ver, mofándose de esta realidad y sus leyes. Hasta que caí en la cuenta, yo era el otro, ese otro que me observaba desde la oscuridad de mi alma. Desde esa oscuridad que no podía tocar, porque implicaba ser feliz.
Ya de adulto, Fontanarrosa me enseñó a añorar mi juventud, el arrabal de la mano de Piazzolla, el boliche del club, el dominó y el tejo; mientras aquella camiseta de fútbol, ya gastada de tanto hincha y sudor, de tanto polvo en cancha ajena, observaba, indómita, un partido de truco. Ridícula se me hacía la realidad, en aquel pancito con tuco que me alcanzaba mi mujer todos los domingos, aquel pancito que te invitaba a arrullar tranquilo.
Ya viejo... solo me queda morir en paz. Ya viejo, a la muerte solo se puede imitar.

2 comentarios:

Lena dijo...

Particularmente este texto me gustó mucho. Digo, que gran manera de pintar las etapas de la vida, que combos se arman, que real es lo que dice.

La última frase "a la muerte solo se puede imitar", se lleva mis aplausos.

Hasta ahora no he llegado a la etapa Borges, no creo que me llegue. Espero, los laberínticos espejos de ese (genial) escritor me desagradan un tanto, y espero no levantar polémicas con esta declaración.

Recuerdo el silencio dijo...

Son divertidos, pero ayer me miré en dos espejos enfrentados, y solo llegué a contar 10 reflejos. Me decepcionó el infinito.