02 julio 2009

Patos

Preámbulo:

Esas manos diminutas que tejen pulpos al crochet, pulpos que sonríen y se entregan sin reparos a una prisión de madera. Son pulpos y caminan con ese paso rítmico, tan difícil de concretar en una escalera.

De las objeciones de los patos

Los patos no tienen cola ni pueden ser abogados. Si no fuera por esa simpatía amarilla que los hace parecer felices con todo a su alrededor, contando además lo improfesionales que parecen cuando sumergen si cabeza en el agua, y usted ve solo un par de patas moviéndose en la superficie.
Cuando los patos caminan, caminan como patos. Como todos sabemos que caminan. Con ese pasito corto y torpe que nos indica inmediatamente que un pato no puede ejercer tan seria labor. Lejos de hacernos recordar la graciosa elegancia de una evidente bailarina profesional que no puede lograr que los dedos de sus pies miren hacia el frente, los patos parecen hacer siempre el mismo recorrido. Un camino inútilmente circular acompañado por ese graznido medio ahogado que los hace tan inofensivos.
Pero, principalmente, un pato no puede ser abogado por esa razón tan aceptada y compartida que nos marca, simplemente, la inocencia del mismo. Dígame, ahora, si alguien puede imaginar el mínimo daño producido por un pato. El pato no muerde, ni salta, ni patea. Y justamente aquí radica lo esencial del punto, y es caer en cuenta del lado oscuro del animal, ese lado oculto. Porque nadie, nunca, podría confiar plenamente en alguien que parece no tener ningún defecto.
Entonces ahora, ya entrados en tema, se pueden sacar conclusiones. No sé usted, pero yo nunca, jamás, contrataría a un pato como abogado.

2 comentarios:

Lena dijo...

es mi hermana y es la mejor.

fin de otoño dijo...

Esto es genial. No hay mucho que agregar.
Y encima me hizo cagar de risa.