16 septiembre 2009

Despotismo

Y ahora el sonido de tu voz es el chisporroteo musical de las gotas golpeando en el techo (imagen trillada, pero mía).
Imaginar el arrastre de tu lengua en el idioma castellano, siendo entonces mi cuerpo quizás la Real Academia Española exigiéndote lo imposible, desgarrándome la gramática para decirte imperativamente y con urgencia que seas parte de mí, que seas mi piel y seas mi aliento, mi respiración la humedad de mis ojos. ¿Cómo pedirte eso, cómo? Si aún no he logrado penetrar por tus poros, recorrerte sin culpa, ser nada o tan sólo eso que somos por las noches: la suspensión del aire, la quietud de la penumbra.
Quiero toda mi existencia intentar entrar en vos y adivinar tu sonrisa tras la espesura tersa de la ceguera.




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