09 junio 2009

Vestidos


De la oscuridad y del polvo que sacude el aliento de la trompeta surgirán figuras invisibles que actuarán directamente sobre las almas danzantes y uniformes, deformes entre los vasos púrpuras, entre las sillas de madera golpeadas por los pies perdidos, por los andares extasiados, los andares perdidos. El polvo luchará con el humo, esa densidad gris que mantendrá toda la noche un duelo con las velas, volúmenes de cera incendiada que se rozarán con el aire apenas violento, la timidez del viento que bailará con los vestidos de primavera en julio, los vestidos que se revelarán esa noche ante el invierno y coquetearán con las manos calientes ansiando entregarse. Y llegará el momento en que lo harán, el momento en que los vestidos serán trapos cubriendo la tierra del suelo, humedeciéndose mucho mas abajo que las velas, muy por debajo del humo y el polvo que baila enteramente movido por el grito trsite, alargado e irregular de la trompeta que progresivamente se dormirá y consumirá hasta arder en un silencio infinito. Para entonces ya se habrá roto la barrera del vestido y las manos deambularán sin dueño y serán parte de un solo cuerpo que pelea consigo mismo, buscándose, buscando la verdad en una unión que no tiene nombre, que se miente al nombrarla.

Caerá la luz sobre ustedes y ya no serán ese amalgama de salivas, esa perdición expresada en caricias. Serán manos torpes y labios encrispados, tímidos vehículos de la desaparición de lo verdadero ante nada más que los ojos.

1 comentario:

Lena dijo...

Me gusta la imagen de los vestidos de primavera en julio. Pero más que barrera me parece que son una sutil invitación.