21 julio 2009

Sobre plagios y tumbas

Sin ánimo de ofensa, este texto fue escrito albergando la esperanza de que sea leído con un escrutinio crítico y expreso, a partir de la noción adquirida sobre la red de escritores en español y su propósito.


Plagio literario. El autor reclama su prestigio.
De repente nosotros, escritores de nada, de nadas agradables y exquisitas ocasionalmente, escritores temblorosos apenas en la puerta de nuestras vidas artísticas (con mis perdones a aquel que abra la heladera sin
vergüenza) venimos a preocuparnos por nuestras magníficas obras. Obras que andá a saber por qué, dicho sea de paso (puf), si son tan magníficas se nos ocurrió meter en un lugar que no conocemos ni vamos a hacerlo jamás. Nos conspiramos por ellas y para ellas, en favor de que nuestros nombres las sellen por siempre. Tal es la preocupación que ora congeniamos con una “fundación independiente y sin fines de lucro” en contra del plagio literario, tan sonoro, tan vistoso, tan malvado. Se me pone la piel de gallina al pensar que aquel cuentito al que tanto, tanto esmero le puse anda por ahí con firma de algún donadie, alguno que poco me importa, alguien aún más mediocre que yo ¡usando mi cuento! ¡mis palabras! ¡el fruto de mis horas frente a la computadora y ayuda del servidor de internet pertinente! El horror (expresión digna de la circunstancia). ¡Vendetta!
Ahora les pregunto a todos ustedes tocayos amateurs del desenvolvimiento literario, ¿qué (o cuánto) pensaban ganar con la posesión legal de sus microtextos, cuentos, por qué no novelas, o lo que sea, al publicarlos en internet?, ¿mentaban la posibilidad de ganar reconocimiento, difundirse, ser contactados por una de esas editoriales buscatalentos (sí, esas que se meten en potreros y pequeños blogs) y pegar un contrato a largo o corto plazo, para así vivir la buena vida literaria, sin otra ocupación que Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, de la noche a la mañana, de un click a otro? ¿Esperaban, de verdad esperaban al publicar un texto en un espacio virtual poder de alguna manera vivir la gran Horacio Oliveira con hoteles de arriba, y vodka, (está bien, del barato) conciertos y más hoteles, todo, por supuesto, acompañado de mucho sexo, al encuadrar en sus muros un papelito certifico a Mediocre Papanatas la autoría del producto de sus mentes convertido en unos y ceros ordenados qué se yo en qué orden? ¿Era para eso que publicaban? ¿Era por eso que escribían? Yo creo que no. Colegas, subir un texto al enorme globo que es el internet significa desautoría, significa palabras acomodadas por andá a saber quién y ahí las tenés, al alcance de la mano, para quién quiera y cómo las quiera, a nadie le importa quién carajos las haya escrito, con qué finalidad ni ningún otro dato adicional. Eso es internet y ojo, me parece perfecto que así sea y ojalá nunca deje de serlo. Dejemos de tirar para el lado del texto legible en monitor. Aceptemos las trabas, aceptemos que sea difícil. Aceptemos que si nuestro texto ingresa a una máquina, a una red, a un sistema ajeno, irremediablemente se va a convertir en un desastre manipulable más allá de nuestra voluntad, nos despertenece, se emancipa de los sellos o marcas y eso es lo bueno. La masa conjunta que surge es infinitamente hermosa, no hay nombres, solo palabras anarcas desfilando en un maravilloso e infinito cielo, nubes, muy bonitas nubes sin dueño, sin forma, sin sentido, solo nubes. Nubes que son apenas el comienzo de nuestras nubes, nubes que serán a su debido tiempo (entendiendo como debido que ni puta idea cuándo) nuestros cielos. Porque sí, creo en que ésto es una buena práctica, sin subirme al caballo del crítico, me deslumbran muchas de las nubes que pasan por aquí, pero mientras desfilen simplemente por aquí serán eso, nubes en un cielo que para nada nos pertence.
Tendemos progresiva e inconcientemente a prescindir del libro. Basta de eso. Dejemos en él la única esperanza de vida de autor. Que en él se mantenga flameante la llama que algún día nos proteja de la miseria, acaso del hambre, la falta de techo o una cama, la falta de un vino o justamente un libro. O no, quizá nos arruine, pero dejémoslo vivo igual, dejémosle su exclusividad sin la certera conciencia del por qué. En cambio, desconfiemos de lo impalpable que resulta el internet, de todo lo que en él es controlado pero no por nosotros. De todo lo que de él proviene pero pocas veces (¡y cómo saberlo!) de nosotros. Vivamos en hojas de papel (mal le pese a nuestros bosques), en palabras de tinta, en nombres impresos con encuadernados duros o el cartoncito de Punto de Lectura que es fantástico, la mejor tapa y las mejores páginas ni muy muy ni tan tan.

8 comentarios:

Pulsera Magnética. dijo...

Creo que lo que decís es muy cierto, y entiendo porqué la introduccion cuidandote de golpes, garrotazos y demás que puedan llegar a hacerte por el texto.
Creo que internet es muy delicado para el tema de las composiciones y las autorías.
Queda en cada uno si decide escribirlo en un cuadernacho y guardárselo hasta el fin de sus dias, o publicarlo en un lugar así.
Quizás, esto nos une más.
Quizás no.

Lena dijo...

No sé si manifestarme en desacuerdo pero si escandalizada por el uso de la frase EL HORROR luego de que esta ha sido tan criticada.
A ver, a ver. A mediados del siglo XV de nuestra era, algo llamado RENACIMIENTO se dió. En este proceso de revolución de las artes, surgió la obra de autor. La misma manifiesta el punto de vista de quien produce la obra de arte (obra de arte entendida como un asunto que tiene que ver con un hecho artístico y no como clímax de la excitación creativa del arista que se consagra), es decir, la obra ya no es la expresión de una sociedad sino un punto de vista en particular de los tipos. Al mismo tiempo, muchos aprovecharon la obra firmada para que esta sea mercancia.
Ahora, bien, digo, me parece... Nadie en este blog dijo jamás "OH ADHIÉRANSE A REMES, O SERÁN CASTIGADOS POR MEFISTÓFELES". El mail llegó y se les dió lugar y difusión, como a todos. Más allá de este hecho en particular, la firma no tiene siempre que ver con adjudicarse el éxito que pueda o no tener un texto. Señor Lucas González, si no le gusta el derecho de autor pongase un seudónimo. ¿Por qué, si tan infame le parece darse crédito en internet, firma usted con su nombre?
No concuerdo en en que las cosas son simplemente cosas porque son intangibles, impalpables (y no de verdad como el azúcar), las cosas en primera instancia SON y luego cosas. SON COSAS también el amor, la locura, el sonido es una cosa y uno no anda por ahí negando el Brahman.
La masa nunca es homogénea, y el plagio no me gusta. No me gustaría jamás que alguien se jacte por ejemplo de que las palabras que elijo son suyas cuando ni yo me jacto de que las palabras son mías. No me gustaría para nada.
El paso del tiempo se encarga de anular al autor, ¿quién sabe si existió Bashô? Nadie, y no nos importa. Bashô es tan abstracto y ficticio como Internet.
No creo que el firmar un texto sea un reclamo de prestigio. Es dar la cara. Es hacerse cargo. Por eso mismo Grondona (Mariano) escribía durante la dictadura militar cosas antisemitas anticomunistas y fascistas bajo un seudónimo: para no dar la cara, para no hacerse cargo y entregar sus textos al Limbo de lo desconocido. Nadie dice que eso está mal. Solo señalo lo que a mis ojos es evidente.
No creo que la vuelta al texto anónimo sea evolución, no creo en la evolución, creo en el cambio. Yo no adhiero al anonimato ni al exitismo. No creo en el arte como mercancia.

Lena dijo...

Citando un ejemplo, (que no busca compararme ni a mi ni a mi opinión con el magnánimo, solo es cuestión de ejemplificar) Julio Cortázar firmó Nicaragua tan violentamente dulce, y cedió sus derechos al pueblo de la revolución sandinista. ¿Eso es buscar prestigio, buscar vivir para Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé (suena a antología de esas que)?

Creo que la soberbia va mucho más allá de una firma. Desde mi punto de vista, la firma en este mundo posmoderno, es esencial. El arte sin firma se lo dejo al Stalinismo. El arte sin firma se lo dejo a los grafiteros. O a los tipos que no se pueden etiquetar y no tienen ganas de firmar.

Digo, Patrick quiere conquistar a Clemetine con las palabras de Joel. Y eso es plagio, es querer empaparte de la esencia de otro, y no.

Aparte, si es nada lo que escribo no sé para que querría publicarlo. Yo escribo para mi. Escribo porque tengo ganas. No creo que pueda dejarle nada a la humanidad con ello. Pero sin embargo, lo muestro y participo en un espacio cultural para poder ayudar a promover el arte, la expresión libre. Eso vale. No creo que haya tanta historia por el tema de la autoría. Al fin y al cabo el arte siempre termina identificandose con algo, si no es Juan Pérez es el Siglo IV antes de CRISTO o los jarrones Helenísticos o Pericles o Ciro I, qué joder.

Lena dijo...

ACLARACIÓN: la firma esencial en el posmodernismo alude a
1 - el dar la cara y ofrecer un compromiso a los movimientos culturales, así como Bretón y Sartre participaron del MAY '68 pero uno dice eso y ya está y no tiene que nombrarlos, pero ellos se manifestaron a favor, y colaboraron, y ayudaron a promulgar

2 - Hay otro bando que usa la firma como medio para mercantilizar y vuelvo a decir que eso no, no che.

Lucas dijo...

No estaría mal que se relea el texto para darse cuenta de que el centro de la cuestión no radica en la autoría precisamente, sino en el medio, en el a quién le estamos exigiendo derechos, (¿a quién?) esos derechos de autor, ese antiplagio.
Se defasó la discusión hacia un tema que creo que todos estamos de acuerdo, algo evidente y terminante. Entonces deja de ser discusión y es sólo un monólogo.

Y si no hay tanta historia con el tema de la autoría ¿qué mierda es eso de la red española?

Recuerdo el silencio dijo...

Me gustó mucho el texto. Me hizo entender una sensación que tuve.
Cuando vi el link de la sociedad de escritores y de derecho de autor pensé por un momento en anotarme. Pero algo no me cerraba, y después pensé ¿de donde viene este deseo? y llegué al pensamiento de que lo que me impulsaba era el miedo de que roben mis textos. Más allá de las cuestiones ideológicas, sobre el autor, yo no quiero actuar impulsado por el miedo. O al menos no en este caso.

Lena dijo...

Lo de la red española es un mail que llegó a EVOHÉ, pidiendo un espacio. Y como a todos, se le dió un espacio.

El problema del medio radica justamente en el anonimato, he ahí el porque de la mucha firma que hice.



"La masa conjunta que surge es infinitamente hermosa, no hay nombres, solo palabras anarcas desfilando en un maravilloso e infinito cielo, nubes, muy bonitas nubes sin dueño, sin forma, sin sentido, solo nubes. Nubes que son apenas el comienzo de nuestras nubes, nubes que serán a su debido tiempo (entendiendo como debido que ni puta idea cuándo) nuestros cielos. Porque sí, creo en que ésto es una buena práctica, sin subirme al caballo del crítico, me deslumbran muchas de las nubes que pasan por aquí, pero mientras desfilen simplemente por aquí serán eso, nubes en un cielo que para nada nos pertence."

De ese fragmento es de donde surgió todo lo que dije anteriormente. Quizá estoy interpretando muy superficialmente algo que tiene un trasfondo más jodido. Puede ser. Sucede que en ese fragmento, entiendo que se habla de la masa anónima que permite darse en internet. Digo, el medio, este nuevo medio es el que maximiza el tema del anonimato: cualquiera puede decir cualquier cosa. Habría que analizar profundamente esto. Y si en las críticas vamos a tomar sólo un factor, me parece ridículo gastarse en hacer una crítica (buena o mala, claro está).

Yo no creo que internet sea un mar tan explotable. Es un medio que tiene ventajas y desventajas, cada cual sabrá como usarlo.

"Plagio literario. El autor reclama su prestigio.
De repente nosotros, escritores de nada, de nadas agradables y exquisitas ocasionalmente, escritores temblorosos apenas en la puerta de nuestras vidas artísticas (con mis perdones a aquel que abra la heladera sin vergüenza) venimos a preocuparnos por nuestras magníficas obras."
"Colegas, subir un texto al enorme globo que es el internet significa desautoría, significa palabras acomodadas por andá a saber quién y ahí las tenés, al alcance de la mano, para quién quiera y cómo las quiera, a nadie le importa quién carajos las haya escrito, con qué finalidad ni ningún otro dato adicional. Eso es internet y ojo, me parece perfecto que así sea y ojalá nunca deje de serlo. Dejemos de tirar para el lado del texto legible en monitor. "

Creo que más que hablar de internet, se habla de la problemática de la autoría e internet.
No creo que abrir otra rama del mismo tema sea defasar la discusión, puesto que la misma debe tener muchos matices. Carente de estos es donde entra en juego el monólogo.
No creo que internet sea eso, un cúmulo de textos escritos por nadie y para todos. Me parece un visión muy banal y liberal del asunto. TODO tiene ideología, un marco social, cultural, histórico. La habilidad del lector, desde mi punto de vista, radica justamente en poder abstraerse de esos factores, o de reordenarlos, o de ignorarlos. Por eso, volviendo a Cortázar, todos se creen Magas, y Horacios, y Polas, y Babs, cuando en realidad son personajes salidos de una mente, en un momento determinado. La trascendencia está en la superación de las barreras, y no trascendencia como éxito, sino como la sublimación y el arquetipo.

No, aunque intente leer el texto como una breve e inocente disertación sobre el medio, sigo entendiendo asuntos que tienen que ver con la autoría, y creo estar completamente en desacuerdo con el punto de vista. Cabe la posibilidad de que sea una estúpida, si, pero esa es otra historia.

anonimo dijo...

Nunca es tarde! Impresinantre debate!