24 noviembre 2009

Queremos tanto a Julio

Escribir sobre vos es como mear contra el viento; imposible no terminar empapado. Es una misión imposible para alguien como yo. Antes de hacerlo me siento un hereje, un mediocre irrespetuoso que, a pura desfachatez, se va a meter con alguien con quien no debiera meterse; un peso pluma subiéndose al ring para enfrentar a un peso pesado, aún sabiendo que va a perder por knock out.
Tuviste la mirada de una época, de "la" época. Una mirada llena de vida, pero a la vez perdida… y, después de todo, ¿Qué fueron los años setenta, sino eso… vidas perdidas?
Pero también fuiste un niño. He visto imágenes tuyas con flores, con gatos. He visto tu corazón hecho garabato, garabato que hiciste poema y repartiste por el mundo, poemas para Pizarnik, poemas para tu madre, poemas para Aurora, para compañeros de lucha que se fueron pero nunca descansan.
Vivías por el amor, y al final fuiste uno más de los que bien describió Wilde. Haciendo todas las cosas que hiciste, solo para enamorar mujeres.
Y anduviste allá como acá, en Paris o en Bruselas, en Buenos Aires o en La Habana.
Desgarbado, ibas con el viento, pies descalzos y frente levantada, como quien sabe que no pertenece y busca en el cielo su musa final.
Parecías también un guerrillero entrañable; un tanguero hecho a la antigua. Un europeo en estas calles; un sudaca en aquellas.
Y te han visto en cada bar, en cada esquina. Con tu porte, tu altura, con tu look particular.
Nunca fuiste estéril en las discusiones; tu palabra nunca moría en ellas o en tu boca… ni en tu vieja máquina de escribir. Porque, ¿Sabés una cosa? Despertaste conciencias y derribaste barreras. Tu palabra fue acción y la acción, revolución.
Fuiste solidario con aquellos que, como vos, fueron poetas de la libertad. Aquellos que en sus manos no llevaban libros, sino fusiles FAL. Estuviste siempre donde la dignidad marcara que había que estar.
Despreciaste las palabras, que se volvieron inútiles y odiosas, el día que mataron a tu hermano en Bolivia. Te sentiste inservible y estúpido tratando de filosofar y de rimar.
Y nos contaste de un tal Lucas y una casa tomada, parábola de un nuevo país, y nos contaste de una autopista de ensueño sin principio ni final, de una rayuela que era más que un juego y nunca vamos a olvidar tus historias de crono píos y de famas.
Nos escapamos con vos de lo convencional, te seguimos hacia los recuerdos de tu infancia bien; esas casas con fondo, esa burguesía existencial. Y conocer a tus personajes tan profundos y tan llenos, fue como conocerte a vos, como conocernos los dos.
De un boom latinoamericano, dijeron algunos. De surrealismo. De realismo apostaron otros. Admirador de Julio Verne, solo eso nos quisiste contar, pero el alumno supera al maestro, como bien dice el cliché, que no por ser cliché deja de ser cierto. Y no pudiste (o no quisiste) ocultar que en tu corazón, más que historias había necesidad. Y como todo ser sensible mostraste tu lado primal, y estuviste con los que dejaron la vida por un ideal, y vos la diste también en cada párrafo, en cada palabra, hasta el final.
Vos sos la remera que falta en las calles, la que todos los jóvenes deberían usar.
Escribir sobre vos así, quizás sea infantil y poco original…
Escribir sobre vos, Cortázar.




http://unfrioyrotoaleluya.blogspot.com/

3 comentarios:

Lena dijo...

Uf. UF repito UF como cuando algo la zarpa, y esto zarpó mi alma en el sentido de que ES-LA-POSTA, y ahora tengo ganas de agarrar mis fotos enmarcadas de Cortázar y decirle (como si fuera un altar o algo así): Che Julio, acá los bepi' y yo sentimos un montón de cosas.

The Walrus dijo...

Bo lu do.

Qué bueno está este.

Angus dijo...

Tienes una sorpresa en http://odiotodoloqueodio.blogspot.com/