05 septiembre 2011
Todo y nada en la memoria
Allí están, inmóviles,
En la memoria:
Los cuerpos,
El humo,
Las cenizas.
Se ve una estrella amarilla
Sobre un uniforme de
Apariencia gris;
Caras en manos del dolor,
La injusticia,
El miedo,
La tristeza,
El temor;
Un muro que separa;
Las ganas de vivir
Y los sueños
Desaparecen;
Hasta la esperanza
Se ve nublada.
Una cámara oscura
Se iguala a una jaula asesina,
Dónde el humano no es humano,
Experimento de otros
Que creen ser superiores.
El grito mudo de millones
Se oye a lo lejos.
El humano se vuelve cosa;
Botones y jabón.
En el brillo de sus ojos
Veían su propia muerte,
Y en la fuerza de sus manos,
El dolor.
Está el que mata sin razón;
el que muere.
Lo irreversible;
La vida a un costado.
Trato, busco encontrar
Una respuesta del por qué
A la naturaleza humana;
Trato de entender, no puedo.
Queda un tatuaje,
Una marca;
Eso que quitó
Un pedazo de vida;
Todo y nada.
http://palabrasbaratas123.blogspot.com/
En la memoria:
Los cuerpos,
El humo,
Las cenizas.
Se ve una estrella amarilla
Sobre un uniforme de
Apariencia gris;
Caras en manos del dolor,
La injusticia,
El miedo,
La tristeza,
El temor;
Un muro que separa;
Las ganas de vivir
Y los sueños
Desaparecen;
Hasta la esperanza
Se ve nublada.
Una cámara oscura
Se iguala a una jaula asesina,
Dónde el humano no es humano,
Experimento de otros
Que creen ser superiores.
El grito mudo de millones
Se oye a lo lejos.
El humano se vuelve cosa;
Botones y jabón.
En el brillo de sus ojos
Veían su propia muerte,
Y en la fuerza de sus manos,
El dolor.
Está el que mata sin razón;
el que muere.
Lo irreversible;
La vida a un costado.
Trato, busco encontrar
Una respuesta del por qué
A la naturaleza humana;
Trato de entender, no puedo.
Queda un tatuaje,
Una marca;
Eso que quitó
Un pedazo de vida;
Todo y nada.
http://palabrasbaratas123.blogspot.com/
la poesía será tormenta para todos aquellos que nos postergaron alguna vez en nuestra puta vida
-(seremos esclavos de todo y de todos)-
no necesitas inventarte para mi
en mis paredes veo sombras de vos
aunque no me animo a tenderte la mano
intransigente
tan solo la muerte podrá separarnos
me dijiste
y no estamos muertos nena
yo guardo tus letras viejas
y me atrevo a confesarte mi centencia
que yo se que estamos lejos pero algo
nos acerca
cuidado con las fauces de los lobos
cuidado con los bichos del otoño
cuando hace frío tanta gente no nos sirve
no nos creamos tan inmunes a los buitres
que hasta la fama un dia sabe a chiste sabes
que hasta la fama un dia sabe a chiste
yo ya estoy rendido de antes
y no sé que hacer para encontrarte
oh mi amor
no
no te falta ni un color
y aunque cuando acierte sea tarde
yo no estoy dispuesto a congelarme otra vez
otra vez
cuidado con las fauces de los lobos
cuidado con los bichos del otoño
cuando hace frio tanta gente no nos sirve
no nos creamos tan inmunes a los buitres
que hasta la fama un dia sabe a chiste
que hasta la fama un dia sabe a chiste sabes
que hasta la fama un dia sabe a chiste
(Y yo también voy a cantar más alto,
pero no querré, mi amor, ahogar tu llanto...
No, mi amor,
esto no es siempre sobre vos,
y aunque tu ambición sea muy grande,
yo no soy muy poco para nadie)
http://formicario.blogspot.com/
no necesitas inventarte para mi
en mis paredes veo sombras de vos
aunque no me animo a tenderte la mano
intransigente
tan solo la muerte podrá separarnos
me dijiste
y no estamos muertos nena
yo guardo tus letras viejas
y me atrevo a confesarte mi centencia
que yo se que estamos lejos pero algo
nos acerca
cuidado con las fauces de los lobos
cuidado con los bichos del otoño
cuando hace frío tanta gente no nos sirve
no nos creamos tan inmunes a los buitres
que hasta la fama un dia sabe a chiste sabes
que hasta la fama un dia sabe a chiste
yo ya estoy rendido de antes
y no sé que hacer para encontrarte
oh mi amor
no
no te falta ni un color
y aunque cuando acierte sea tarde
yo no estoy dispuesto a congelarme otra vez
otra vez
cuidado con las fauces de los lobos
cuidado con los bichos del otoño
cuando hace frio tanta gente no nos sirve
no nos creamos tan inmunes a los buitres
que hasta la fama un dia sabe a chiste
que hasta la fama un dia sabe a chiste sabes
que hasta la fama un dia sabe a chiste
(Y yo también voy a cantar más alto,
pero no querré, mi amor, ahogar tu llanto...
No, mi amor,
esto no es siempre sobre vos,
y aunque tu ambición sea muy grande,
yo no soy muy poco para nadie)
http://formicario.blogspot.com/
01 septiembre 2011
A través de un berimbau
El pasaje
de un salto estábamos adentro
no había tanto por mirar
los soles estaban llenos
de tanta luz
hubo que buscar con las manos
con las almas
con las sales
sin encontrar, elípticamente
(entre paréntesis)
a través de pasos kirlian se formó un círculo que se expandía caleidoscópicamente y a través de un espejo otros nos miraban cómicamente hacer los actos cotidianos con desmesurada sencillez hasta llegar al lenguaje verde claro amarillo oscuro puntos blancos sobre fondo oscuro celeste azulado negro de silencio exageradamente música
desde que
hacia donde
a través.
de un salto estábamos adentro
no había tanto por mirar
los soles estaban llenos
de tanta luz
hubo que buscar con las manos
con las almas
con las sales
sin encontrar, elípticamente
(entre paréntesis)
a través de pasos kirlian se formó un círculo que se expandía caleidoscópicamente y a través de un espejo otros nos miraban cómicamente hacer los actos cotidianos con desmesurada sencillez hasta llegar al lenguaje verde claro amarillo oscuro puntos blancos sobre fondo oscuro celeste azulado negro de silencio exageradamente música
desde que
hacia donde
a través.
Para darte lo mejor:
Concordia, sabiduría, enlaces de gracia en cada nuevo poema, para ti y para tus amigos, los que tú conoces al ser
llamados y luego hechos materia o mensaje en tu mente.
Paz para caminar sintiendo, que tu vida será maravillosamente recreada.
No es la billetera ajena que encontraste en el suelo
Ni la lotería que ganaras mañana.
Es lo que tu piensas ahora al leerme, ahora que soy tu poema.
Un regalo, que imaginas. El beso que siempre quisiste recibir.
Un encuentro, el dialogo, la reunión, la soledad madura. La distancia a salvo, las palabras sanadoras, la ausencia estable
del dolor físico y espiritual.
La compañía tolerante al agravio, la buena disposición para hacer de tu acción el mejor remedio para el tedio. Tus
mensajes y el retorno, benditos, bendecidos.
Que lo agradable sea lo que veas, porque la noche se hizo para dormirla y a ratos para fornicar y embriagarse, actos en sí
mismos que son sueños dentro del oscuro velo de la noche en calma.
Espero, ¿será, será que mis deseos te alcanzaran?
O algunos en parte.
Los que tú decidas aceptar. Por estar de acuerdo con tu manual de funcionamiento.
Tu constitución y tu legislación general.
Flores sin pintar, aromas con su respectivo recuerdo grato, colores de intensidad de sonrisas agradecidas, el hecho de
ser un bebé dentro de una niña, y ésta contenida en una joven que alberga una mujer adulta que contiene a la vez a una
anciana que da consejos suaves a las anteriores.
El verde de la piel de Dios, el abrazo sincero, la competencia sana, los afectos justos, la música que te dio vida, los
sonidos internos llamándote a ser feliz y hacer lo que de verdad siempre has querido hacer. Desde aquí hasta el límite de
tus posibles fuerzas.
Todo eso deseo para ti, porque no te conozco.
llamados y luego hechos materia o mensaje en tu mente.
Paz para caminar sintiendo, que tu vida será maravillosamente recreada.
No es la billetera ajena que encontraste en el suelo
Ni la lotería que ganaras mañana.
Es lo que tu piensas ahora al leerme, ahora que soy tu poema.
Un regalo, que imaginas. El beso que siempre quisiste recibir.
Un encuentro, el dialogo, la reunión, la soledad madura. La distancia a salvo, las palabras sanadoras, la ausencia estable
del dolor físico y espiritual.
La compañía tolerante al agravio, la buena disposición para hacer de tu acción el mejor remedio para el tedio. Tus
mensajes y el retorno, benditos, bendecidos.
Que lo agradable sea lo que veas, porque la noche se hizo para dormirla y a ratos para fornicar y embriagarse, actos en sí
mismos que son sueños dentro del oscuro velo de la noche en calma.
Espero, ¿será, será que mis deseos te alcanzaran?
O algunos en parte.
Los que tú decidas aceptar. Por estar de acuerdo con tu manual de funcionamiento.
Tu constitución y tu legislación general.
Flores sin pintar, aromas con su respectivo recuerdo grato, colores de intensidad de sonrisas agradecidas, el hecho de
ser un bebé dentro de una niña, y ésta contenida en una joven que alberga una mujer adulta que contiene a la vez a una
anciana que da consejos suaves a las anteriores.
El verde de la piel de Dios, el abrazo sincero, la competencia sana, los afectos justos, la música que te dio vida, los
sonidos internos llamándote a ser feliz y hacer lo que de verdad siempre has querido hacer. Desde aquí hasta el límite de
tus posibles fuerzas.
Todo eso deseo para ti, porque no te conozco.
27 agosto 2011
Cercos
Detrás de la estación del tren una casa vieja y descuidada aguantaba cada temblor con las ventanas abiertas, las pestañas se movían a su paso, pesado, incansable, repleto de gente. Esta casa siempre llamó la atención de quienes no hacíamos mas que caminar por sus alrededores, sin obligaciones y sin la vertiginosidad que propone toda estación, pues, siempre tuve la duda sobre si estaba abandonada o no, o si alguna vez sus habitantes, al salir a disfrutar en el patio de entrada, se encontraron con que les habían construido ya una ciudad, unas torres a unas cuadras, kioscos a los costados y locales de comida al paso. Siempre había pensado que en el caso de no estar abandonada sus habitantes deberían ser ya mayores y sordos, que se habían visto ante la imposibilidad de mudarse. También pensé que sus hijos posiblemente habían ya tratado de convencerlos para abandonar la vivienda, haciendose ellos con el dinero de la empresa ferroviaria y los viejos condenados a un geriátrico de mala muerte. En sí, un geriátrico.
Esta mañana, vi movimiento, había un señor de unos 40 años haciendo trabajos de jardinería y me acerqué de poco, siempre con mi poca actitud y con mi cámara de fotos como escudo. Por muchos segundos no me dirigió la mirada, lo cual me ponía en el aprieto de pensar si dando pasos más fuertes o quizás tosiendo podría lograr que me mire, y luego algo diría. Tenía la piel bronceada como la gente que ha trabajado incansablemente bajo el sol durante años, como si se hubiesen enterado que la sabiduría se encontraba cavando. ¿Y por qué no? De chico había aprendido que si algo hacía la gente para salvar sus posesiones era enterrarlas.
No había pasado mucho tiempo, yo había empezado a tomar algunas fotos mientras el sujeto desde adentro parecía disponerse a descansar, pues encendía un cigarro y se secaba la frente con la toalla que llevaba colgada en su espalda. Le pregunté si era el dueño de la casa y si le molestaba que le saque algunas fotos, me contestó con el cigarro de costado pero no pude entender sus palabras claramente, aunque con su mano me indicaba que espere. Se acercó luego de darle unas pitadas mas, tirar y pisar el cigarrillo.
El reflejo del sol en la cámara daba contra los vidrios de la ventana trasera, luego se desviaba hacia algún punto en su interior, se veía un placard antiguo, de una madera oscura. Mientras me hablaba trataba de seguir los reflejos, de mirar hacia el interior de la casa. Me preguntó si quería pasar a verla, me dijo que solo quedaban algunas pertenencias de los dueños anteriores y que no era el primer interesado en ella.
“Ya has venido tres veces, la conoces, sólo que no lo recuerdas”
Mucho de lo mágico de aquella casa estaba en que al salir a jugar en los pastos cercanos a la estación uno se encontraba con su hermoso patio, sus ventanas siempre abiertas y lucia como recién abandonada, aunque nunca nos animamos a entrar, pero sobre todo era curioso como se diferenciaba de todo su entorno, parecía tener una vida propia y lejana al común del barrio.
Mientras caminaba hacia la puerta que daba al patio, sentí otra vez la mirada, él me miraba fijamente a los ojos, sus cejas y sus labios eran tan fríos, sin voluntad, solamente me miraba como sabiendo que me entregaba, no se molestaba en apartar la mirada si yo volteaba a verlo. Abrí la puerta y él se detuvo, siguió mirándome hasta que entré. Los pisos de madera, un pasillo iluminado por la luz del sol entre las cortinas, el ruido era a soledad, sentía mis pasos retumbar contra todas las paredes, casi podían mover los retratos que adornaban todo el largo del pasillo. Caminé hasta el final y vi un gran comedor vacío, quedaban algunos muebles tapados con sábanas viejas y todo estaba cubierto por polvo. Hacia un lado y hacia otro había algunas puertas, era difícil orientarme, tenía la sensación de encontrarme perdido todo el tiempo. De verdad estaba perdido.
Un ventilador de pie todavía seguía girando, a medida que me acercaba se hacía más fuerte su ruido, un ruido casi áspero, ruido oxidado, las aspas chocaban alguna parte de la protección y esa fricción marcaba los segundos como un cronómetro improvisado. El pobre viento que producía el aparato hacía mover los papeles de la mesa, no era mi intención revisar la casa, buscaba volver a la puerta con algunas fotos para demostrarle al jardinero lo que había hecho y solamente satisfacer algo de la curiosidad que siempre me había producido, pero las hojas comenzaron a volar, cayendo a mi lado. Recogí una pequeña hoja con un breve texto, el papel ya estaba amarillento y parecía fácil de resquebrajar.
"Las cucharas golpeaban las tazas, de estar tan acostumbrados el uno al otro revolvían al unísono, faltaba poco para que todos den sorbos al mismo tiempo también, así fueron todas sus tardes gran parte de sus vidas. Yo desprecio cada segundo en la mesa con ellos, desearía poder gritarles que se han convertido en un montón de nada, pero una nada que logra enfurecerme. Ellos no contestarían más que con llantos y gritos escandalosos, seguramente todos al mismo tiempo, se levantarían de la mesa y se irían a sus cuartos y quizá, con suerte, alguno finalmente abra la puerta del patio, cruce el cerco y se deje arrollar por el tren. Pero no podía hablar, su estupidez era el escudo más efectivo, yo no sabía si deseaba lastimarlos tanto, se veían al mismo tiempo inocentes en su superficialidad, en sus risas exageradas y en sus modales"
Mis ojos se habían quedado fijos en el papel, lo sostenía cada vez más fuerte, cada palabra podía haber sido mía, eran mías, y lo apreté hasta que se fundió en mi piel, en mis manos, y luego solo pude abrazarme, con cada brazo temblando.
Ahora el viento corría de ventana a ventana, caminé y otra anotación vino a mí, desde las ventanas podía ver que el sujeto del patio seguía mi recorrido, podía ver sus manos en la ventana, apoyándose para mirar hacia adentro mientras los papeles volaban por toda la habitación. Estaba asustado, perdido, lleno de emociones encontradas y mis emociones siempre habían tendido a jugarme en contra.
"El vaso se rompió, sus restos se esparcieron por todo el piso, yo caí de espaldas golpeando contra una mesa. Fue una vergüenza levantarme ante la mirada de todos en la casa, mientras se tapaban la boca con ambas manos en un gesto de asombro, pero había dado el primer paso, mi padre sangraba, tenía el labio partido, pudo haber avanzado sobre mí y terminado todo, pero yo me levanté, ambos nos quedamos quietos mirándonos fijo, maldiciéndonos. Ya no nos unía nada, se dio vuelta y se fue rechazando la ayuda de mi madre que corrió detrás de él. Mis hermanas me miraban sorprendidas, poco hubiesen hecho ellas para liberarse de semejante escoria, pero no, ellas no lo harían, eran lo mismo, eran iguales, todos acá lo eran. Debía marcharme, empacar y salir de la casa en sus narices, ya no me podían prohibir nada."
Oí la puerta, oí pasos pero los oía en todas direcciones, no podía adivinar de donde procedían. Había ingresado el jardinero, su mirada era extrañamente parecida a la de mi padre, su rostro también. Sacó un arma y me la lanzó, me sonrió y bajó la cabeza en un gesto que me llenó de serenidad. Tomé el arma y le disparé en la cabeza.
Otra vez crucé el cerco, esta vez para no regresar.
http://pazskocdopolova.blogspot.com/
Esta mañana, vi movimiento, había un señor de unos 40 años haciendo trabajos de jardinería y me acerqué de poco, siempre con mi poca actitud y con mi cámara de fotos como escudo. Por muchos segundos no me dirigió la mirada, lo cual me ponía en el aprieto de pensar si dando pasos más fuertes o quizás tosiendo podría lograr que me mire, y luego algo diría. Tenía la piel bronceada como la gente que ha trabajado incansablemente bajo el sol durante años, como si se hubiesen enterado que la sabiduría se encontraba cavando. ¿Y por qué no? De chico había aprendido que si algo hacía la gente para salvar sus posesiones era enterrarlas.
No había pasado mucho tiempo, yo había empezado a tomar algunas fotos mientras el sujeto desde adentro parecía disponerse a descansar, pues encendía un cigarro y se secaba la frente con la toalla que llevaba colgada en su espalda. Le pregunté si era el dueño de la casa y si le molestaba que le saque algunas fotos, me contestó con el cigarro de costado pero no pude entender sus palabras claramente, aunque con su mano me indicaba que espere. Se acercó luego de darle unas pitadas mas, tirar y pisar el cigarrillo.
El reflejo del sol en la cámara daba contra los vidrios de la ventana trasera, luego se desviaba hacia algún punto en su interior, se veía un placard antiguo, de una madera oscura. Mientras me hablaba trataba de seguir los reflejos, de mirar hacia el interior de la casa. Me preguntó si quería pasar a verla, me dijo que solo quedaban algunas pertenencias de los dueños anteriores y que no era el primer interesado en ella.
“Ya has venido tres veces, la conoces, sólo que no lo recuerdas”
Mucho de lo mágico de aquella casa estaba en que al salir a jugar en los pastos cercanos a la estación uno se encontraba con su hermoso patio, sus ventanas siempre abiertas y lucia como recién abandonada, aunque nunca nos animamos a entrar, pero sobre todo era curioso como se diferenciaba de todo su entorno, parecía tener una vida propia y lejana al común del barrio.
Mientras caminaba hacia la puerta que daba al patio, sentí otra vez la mirada, él me miraba fijamente a los ojos, sus cejas y sus labios eran tan fríos, sin voluntad, solamente me miraba como sabiendo que me entregaba, no se molestaba en apartar la mirada si yo volteaba a verlo. Abrí la puerta y él se detuvo, siguió mirándome hasta que entré. Los pisos de madera, un pasillo iluminado por la luz del sol entre las cortinas, el ruido era a soledad, sentía mis pasos retumbar contra todas las paredes, casi podían mover los retratos que adornaban todo el largo del pasillo. Caminé hasta el final y vi un gran comedor vacío, quedaban algunos muebles tapados con sábanas viejas y todo estaba cubierto por polvo. Hacia un lado y hacia otro había algunas puertas, era difícil orientarme, tenía la sensación de encontrarme perdido todo el tiempo. De verdad estaba perdido.
Un ventilador de pie todavía seguía girando, a medida que me acercaba se hacía más fuerte su ruido, un ruido casi áspero, ruido oxidado, las aspas chocaban alguna parte de la protección y esa fricción marcaba los segundos como un cronómetro improvisado. El pobre viento que producía el aparato hacía mover los papeles de la mesa, no era mi intención revisar la casa, buscaba volver a la puerta con algunas fotos para demostrarle al jardinero lo que había hecho y solamente satisfacer algo de la curiosidad que siempre me había producido, pero las hojas comenzaron a volar, cayendo a mi lado. Recogí una pequeña hoja con un breve texto, el papel ya estaba amarillento y parecía fácil de resquebrajar.
"Las cucharas golpeaban las tazas, de estar tan acostumbrados el uno al otro revolvían al unísono, faltaba poco para que todos den sorbos al mismo tiempo también, así fueron todas sus tardes gran parte de sus vidas. Yo desprecio cada segundo en la mesa con ellos, desearía poder gritarles que se han convertido en un montón de nada, pero una nada que logra enfurecerme. Ellos no contestarían más que con llantos y gritos escandalosos, seguramente todos al mismo tiempo, se levantarían de la mesa y se irían a sus cuartos y quizá, con suerte, alguno finalmente abra la puerta del patio, cruce el cerco y se deje arrollar por el tren. Pero no podía hablar, su estupidez era el escudo más efectivo, yo no sabía si deseaba lastimarlos tanto, se veían al mismo tiempo inocentes en su superficialidad, en sus risas exageradas y en sus modales"
Mis ojos se habían quedado fijos en el papel, lo sostenía cada vez más fuerte, cada palabra podía haber sido mía, eran mías, y lo apreté hasta que se fundió en mi piel, en mis manos, y luego solo pude abrazarme, con cada brazo temblando.
Ahora el viento corría de ventana a ventana, caminé y otra anotación vino a mí, desde las ventanas podía ver que el sujeto del patio seguía mi recorrido, podía ver sus manos en la ventana, apoyándose para mirar hacia adentro mientras los papeles volaban por toda la habitación. Estaba asustado, perdido, lleno de emociones encontradas y mis emociones siempre habían tendido a jugarme en contra.
"El vaso se rompió, sus restos se esparcieron por todo el piso, yo caí de espaldas golpeando contra una mesa. Fue una vergüenza levantarme ante la mirada de todos en la casa, mientras se tapaban la boca con ambas manos en un gesto de asombro, pero había dado el primer paso, mi padre sangraba, tenía el labio partido, pudo haber avanzado sobre mí y terminado todo, pero yo me levanté, ambos nos quedamos quietos mirándonos fijo, maldiciéndonos. Ya no nos unía nada, se dio vuelta y se fue rechazando la ayuda de mi madre que corrió detrás de él. Mis hermanas me miraban sorprendidas, poco hubiesen hecho ellas para liberarse de semejante escoria, pero no, ellas no lo harían, eran lo mismo, eran iguales, todos acá lo eran. Debía marcharme, empacar y salir de la casa en sus narices, ya no me podían prohibir nada."
Oí la puerta, oí pasos pero los oía en todas direcciones, no podía adivinar de donde procedían. Había ingresado el jardinero, su mirada era extrañamente parecida a la de mi padre, su rostro también. Sacó un arma y me la lanzó, me sonrió y bajó la cabeza en un gesto que me llenó de serenidad. Tomé el arma y le disparé en la cabeza.
Otra vez crucé el cerco, esta vez para no regresar.
http://pazskocdopolova.blogspot.com/
25 agosto 2011
Qué complicado
Cómo complicamos las cosas... Extrañas? Llamá… Querés saber de alguien? Invitá… Querés que te comprendan? Explicate… Tenés dudas? Preguntá… No te gusta? Hablá... Te gusta? Habla más… Tenés ganas? Hacelo… Necesitás que te abracen? Abrazá...Querés algo? Pedir es la mejor manera de empezar a merecerlo… Si el “no” ya lo tenés, sólo corres el riesgo del “sí”… La vida es una sola! Vamos a ser felices…
Cuando llames, que te atiendan. Cuando invites, que accedan. Cuando te expliques, que te escuchen o cuanto menos que se interesen. Cuando preguntes, que alguien no tema prestar una respuesta aunque corra el riesgo de equivocarse. Si hablamos, que sea comprensivo nuestro oyente.
No objeto respecto a tener ganas; sí, hay que hacer y punto
No objeto respecto a necesitar un abrazo; abracemos porque sí. Nadie se lo espera, nadie lo rechazará.
Pero sobre todas las cosas, cuando quieras algo, dalo. Dando es la mejor forma de merecer.
Estoy totalmente de acuerdo con que el "no" está de antemano, la única sorpresa será un "sí"
Pero no es así de sencillo todo lo que se enumera porque hay que pensar una cosita
No es así de sencillo todo lo que se enumera porque hay que pensar una cosita
¿Cuántas personas nos extrañan que hemos olvidado?
¿Cuántas invitaciones rechazamos por no estar de ánimos o por acceder a otra invitación?
¿Cuántas preguntas temimos contestar o simplemente no quisimos?
¿Cuántos corazones rompimos y cuántas veces nos rompieron el corazón?
No es fácil ser uno, porque siempre dependemos del otro.
21 agosto 2011
Todos fuimos gordos peronistas
dedicado a una manga de cortos hijos de puta.
Porque volver en el tren a las siete de la tarde es una aventura indecible, una náusea inenarrable, una musicalidad repulsiva. Las peores miserias se materializan en la fila del Roca, vieja de mierda no te vas a colar y cosas así.
El precio que hay que pagar por volver a casa. Algo mucho más profundo que unpesocincuenta, algo como la abuela Altagracia sola en el living con lo que sobró del budín de pan tan rico que preparó especialmente para tu visita de una hora y pico, chupando esos mates lavados, dulcísimos pero hechos por ella que está sola y a veces alucina y llama a casa preguntando por vos. Por eso los viejos te pidieron que vuelvas. Aún cuando tenías pensado volver casi corriendo, casi suplicando que por favor te dijeran que la vida por lo general es así, una sucesión de nada-sale-como-lo-planeé, de no tener laburo y de proyectos truncados por mal armados ambiciosos o por querer llevarlos a cabo con la gente equivocada. Que la vida es que te caguen un poco, casi sin querer, que sufras como una idiota por eso y que sufras peor por entenderlo, por perdonarlo. Cagada ya estás, de pé a pá, ni tus amigos con sus cosas te pueden alentar. ¿Para qué ese aliento de palabras ya sabidas, de consejos a no seguir?
- Má’ sé, prefiero que no me hables de nada, que nos distraigamos, que nos hagamos el amor fraternal.
Pero volviste. Empujaste lo menos posible y te subiste al vagón, quisiste llegar al último pero el guarda (aspirante a rati, vigilante, porquería) pitó su silbato de alerta y te metiste en el primero que pudiste. Atrás tuyo subió bastante gente, una nenita de anteojos con su padre, pobre nena, si tuviera un lugar le diría que venga un poco más acá, la van a aplastar. Y al lado tenés a un tipo que destila ese olor a Termidor insoportable, a paliza a la jermu, y te toca el brazo y querés gritarle que no te toque, que no ose siquiera sutilmente pasar su piel por la tuya, pero no hay lugar donde moverte. Ni un centímetro. Quizá la falta de aire te vuelve reaccionaria, quizá le estás oliendo la intención. Queda sólo esperar a llegar a la próxima estación, bajen, bajen todos, empujense y bajen pero dejenme que me corra aunque sea un cachito nomás asi este asqueroso no me roza.
La sucesión de las estaciones del conurbano son algo tan mecánico y menos mágico que la sucesión de los veranos etcétera. Podríamos enumerar, por ejemplo, el ingrediente aleatorio y malicioso del tiempo que transcurre entre supón Gerli (la estación inservible) y Escalada (la estación de la Luna ) o de Glew (país de Soldi, cuna de la esquina del olor) a Temperley, ese sitio fantasmal. Nunca, jamás sabrá nadie qué limbo genera la fricción de las ruedas, las vías, los durmientes o los que duermen. Ciertamente hay momentos de suave calma, de ocaso tras las calles de adoquines que dejan verse por Banfield. Casi como segundos hogares, como si cada una de las ciudades fuera un cuarto, una habitación. A veces reís, pensando en que las clases sociales se caricarutizan, que hay un cacho de Recoleta en Adrogué tacón y bota hasta las rodillas, cupé de Lomas de Zamora, garrapiñada y chipa de Lanús. Pero es tan absurdo y estúpido, no tiene asidero. Qué te importa el asidero con este tren hasta las pelotas, con este nunca llegar.
Después de una hora diez y una estampida, pateás lo que debés hasta llegar al hogar. Todas esas plantas tan secas que te parten el corazón. Volviste. Acá estás, volviste al ritual de la llave perdida dentro de la mochila.
- ¿Te acordás cuando te dieron la llave de casa? Once prepúberes años, llave de casa, ¡gloria a Dios en las alturas! Las piernas vírgenes caminando de la escuela a la casa (como mandara Perón) para encontrar el hogar con el perfume de la soledad, la radio prendida (Castello anunciando el fin de Mirá lo que te Digo y dejando paso a Lalo Mir con Blablá) y la comida recalentándose en el horno o la Essen (porque si, los ’90 fueron terribles, pero la abuela donó algunas cacerolas) y después la siesta.
- Me acuerdo sobre todo del sueño intranquilo de la siesta. Tenía miedo, pero los vecinos, esos enigmáticos ancianos de eternos sesentaypico siempre estaban vigilando en tácita solidaridad.
Y ahí está, sentada Altagracia con los ojos anegados por una película amarillenta de olvido. Llegaste tarde, como siempre. Está en silencio, ausente. Hola abuela. Ausente, aún cuando la besas en la cabeza, entre los cabellos que percibís grasientos, sucios de nervios y horror.
Madre te explica que Altagracia por la mañana tuvo un ataque, lloró y se cagó encima porque gritaba que iban a matar, que había veneno en el mate, lloraba por su propia madre que no la iba a buscar, como si de nuevo estuviera en una carreta, atascada, sin poder llegar a la escuela por el barro y la inundación y la carencia de calzado. Ya no saben qué ni cómo hacer, ya no saben cómo vivir.
Convivir con la muerte propia es una cosa natural y sucede sin problemas mayores que cierta noción de situación límite. Pero convivir con la agonía ajena. Se hace cada día, se ve en el almacén y en las calles de tierra. Se ve en ese pibe que duerme en la estación y se hace una paja a plena luz del día, lleno de costras en la cara, costras de mugre, de la viruela mísera de la pobreza constante. Se ve en los burgueses con culpa que se quedan más tranquilos luego de repartir panfletos o de haber hecho un día de voluntariado. Pero convivir con la muerte enferma y recalcitrante del útero que te dio refugio, del útero que añorás aún en tu menopáusica situación de hija, es morir vos también. Y nadie está preparado (aún siendo conciente de ello) para perder un pocote vida en la vida misma. Y nadie está preparado para ver cómo eso sucede. Por eso, Abuela, nos estás matando a todos.
(Por la noche vas a la estación de servicio a comprar algo, una golosina inofensiva. Te encontrás con una amiga que no veías hace meses y aprovechás el envión para escapar un rato de la tensión que te dio la bienvenida en el hogar paterno, y caminás con ella por la vera de la mal llamada avenida (qué no ven que es una ruta) porque los restoranes y las parrillas han copado todo lo que uno entiende como vereda. Algún que otro colectivo pasa cada quince, veinte minutos. No se ven bien las estrellas, jamás en tu vida has visto las estrellas como algunos creen que se ven en tu pago. Esto es una puta ciudad, una ciudad fundada y hecha para que las hordas del interior duerman relativamente cerca del río, civilizado río centro industrial y epítome de la inclusión social. Tu abuela, una cabecita negra, una campesina mesopotámica, morirá por la tarde. La ciudad seguirá viviendo. Los trenes seguirán llenándose inhumanamente. Se detendrán sin razón entre Adrogué y Temperley, los domingos serán imposibles. La gente se muere. Los trenes están repletos. Hay una cacería de almas, lo presiento. Volví para refugiarme en el útero. Volví para saborear la humedad de los árboles, para regodearme de pájaros matinales. Volví, presa de un patriotismo pueblerino absurdo. Descubrí la muerte y la besé en la espalda)
18 agosto 2011
Tristeza I
La intensidad de toda tristeza
las moscas salientes de la tarde
el dibujo enarcado en ese acorde
la superpuesta parcialidad de todo instante
–ahueca–
la tibieza expandida a la sirga
de un aliento entre olitas impotentes.
las moscas salientes de la tarde
el dibujo enarcado en ese acorde
la superpuesta parcialidad de todo instante
–ahueca–
la tibieza expandida a la sirga
de un aliento entre olitas impotentes.
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