11 junio 2009

Escrito XII - El pecado del ensueño

Cautivo su filántropo se arrastra entre su brillo clandestino. Y es que fueron sus manos una risa enloquecida que en su cumbre, altísima pilastra de zafiro, revolotean marcando su paso mundano.
Salpica nuestros cuerpos algún destello de inocencia y neotenia profunda, cree alimentar esa lujuria con su fértil fenómeno, con sus modelos de mar…. su lluvia; pero es nuestro instinto que excede las mímicas y la elección de la aventura, esa frescura insolente carga con el éxito de la osadía, y es tuya, es mía, de nuestras prendas revolcadas, de la gota voluptuosa y la botella vespertina.
Lulaine, en el juicio de los lamentos recordare festivo ese verde húmedo, nuestros perfiles mojados.

1 comentario:

Lena dijo...

1 - Necesité un diccionario para NEOTENIA.
2 - Sacada ya de la ignorancia, retomé la lectura.
3 - Me gustó mucho, y el final me pareció un cierre perfecto.